LOMAS DE GALIPÁN: UN DÍA PARADÓJICO

Hace más de un mes visitamos la posada Lomas de Galipán, uno de los lugares más tranquilos a los que hemos ido. Paradójicamente en Caracas nuestros amigos estaban siendo reprimidos…

“El alma de Venezuela está como enferma. Ya no hay respeto por la vida ni consideración con el prójimo. Hoy las diferencias hacen que nos veamos por el rabo del ojo y toda esa pesadumbre que se mete en la piel y enferma sólo se combate con fe y esperanza.”
Robin Izaguirre, Diablo Mayor de Naiguatá, 2010.

 

Que lance la primera piedra el loco al que le guste esperar. Y que se prepare para difundir su rareza ante el mundo. Estoy pensando sobre esto y scrolleo toda la página de inicio de Vogue España. En realidad, es mi forma de ser productiva mientras esperamos a un amigo de Jorge para subir a Galipán.

Con ellos todo funciona así, tarde. Los jóvenes no tienen noción del tiempo. O de la responsabilidad, me corrijo. Si te dicen que la fiesta es a las siete, pues, en realidad, es a las nueve. O más tarde. Si te dicen que subiremos al pueblito ubicado al norte de El Ávila a la una, pues ellos van a llegar a las tres.

El primer escenario me costó entenderlo. A veces creo que nací del lado equivocado del planeta y que en realidad tendría que hablar sueco. Mientras dependa de mí y así lo quiera, llegaré puntual a todos lados. Eso es algo que en Venezuela muy pocos valoran y muchos menos aún practican.

“Cuando sea dictadora eliminaré a toda la gente impuntual del mundo”, pienso. Hay que ver que uno se vuelve bien idiota cuando tiene mucho tiempo que perder. Y Jorgito se sienta y se pone la almohada en la cara. Y maltripea, porque estoy de mal humor y no es su culpa. Y entonces yo maltripeo porque sé que no es su culpa, pero estoy perdiendo el tiempo. Mi papá dice que el tiempo es dinero. Y es verdad, es verdad.

Pasadas las tres de la tarde llega el hombrecito en su Merú. Por lo menos Jorgito vive cerca de la subida a Galipán. El camino está lleno de rustiqueo, reggaetón y, cómo no, trap. Que si lo de Shakira –o Maluma- es puro Chantaje, o que si Bad Bunny ya se acostumbró.

Posada Lomas de Galipán

Llegamos al portón de la posada donde tomaremos las fotos para Highness, la marca de Jorge. Nos detenemos porque está cerrado. Discutimos sobre si mover el cono, abrir y pasar; o si deberíamos llamar primero. Decidimos llamar, pero los datos móviles apenas se están restaurando y las líneas no coordinan.

Por decisión unánime el conductor de nuestro transporte se baja y abre la puerta. Nos estacionamos y volvemos a llamar. Nada. No contestan. O, en realidad, la llamada no les está cayendo. No lo sabemos.

Nos bajamos de la camioneta entre muchos “cuidado y te cortas” de su dueño. Hay caballos. Curiosamente –pero no al azar- somos tres parejas. El hombrecito del carro y su novia, dos amigos y Jorgito y yo. Los primeros se quedan mientras nosotros cuatro nos dirigimos a lo que se puede decir es la recepción de la posada Lomas de Galipán.

Nos recibe una muchacha muy alegre y risueña. Jorge pregunta por la mujer con la que ha estado manteniendo contacto para hacer este día posible y ella responde que la presunta no le había avisado que iríamos. De igual manera, nos dan la bienvenida y preparan un papelón con limón.

La paradoja de estar en Galipán

Más tarde que temprano me doy cuenta que estábamos en Galipan, uno de los lugares más tranquilos que conocemos, en un día demasiado accidentado para el resto de Venezuela. Mientras nosotros estamos respirando aire puro y fresco, nuestros hermanos respiran gas lacrimógeno.

Mientras nosotros tomamos fotos de las bondades que tiene la posada Lomas de Galipán y con ella, nuestro estado Vargas. Decenas de reporteros visuales y periodistas inmortalizan con sus cámaras momentos de gran represión.

En tanto que nosotros estamos trabajando por nuestros proyectos, cientos de venezolanos pelean porque estos proyectos algún día se merezcan muchísimas más oportunidades de las que se tienen actualmente.  

Un pensamiento desencadena otro y así. Me niego a subir cualquier tipo de imágenes a mis stories o feed porque me siento mal de no estar luchando también en ese momento. Comparto el comentario con una amiga y ella solo responde “eso no tiene nada que ver, tú estás aquí”. Sí, estoy aquí, pero… ¿por qué no estoy allá? ¿Cómo puedo ayudar?

Hace más de un mes de esto

Ese ha sido mi pensamiento cada vez que no puedo ir a una marcha. ¿Por qué no? Y luego de ser sensata y decidir no auto-torturarme, ¿cómo puedo ayudar? Afortunadamente he conseguido otros métodos para ayudar y aportar a la situación.

Difundo mucha información pertinente y trato de explicar a todo el que no tenga redes sociales sobre lo que realmente está ocurriendo. Empiezo por mis familiares hasta extenderme a otros. Utilizo mis redes sociales para alzar la voz y comparto todo lo que sé que puede ayudar a los demás.

Quiero seguir haciéndolo. Deseo que sigamos luchando y podamos salir de esto. Si tienen alguna información que deseen compartir, que necesiten difundir, no duden en contactarme. Estoy totalmente al servicio de esta lucha.

-M.

posada lomas de galipán

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