Sobre Salto El Sapo y otros paraísos

Más recuerdos de Canaima… esta vez sobre el Salto El Sapo y otros paraísos.

Allá en mi pueblo cuando pasa un alcaraván, se asustan las muchachas por el beso del morichal. 
El Alcaraván - Simón Díaz

Llegamos al Parque Nacional Canaima gracias a Canaima Tours, una empresa con más de 40 años de experiencia en estas aventuras. El traslado fue Puerto Ordaz – Canaima / Canaima – Puerto Ordaz. Unos 30 minutos tanto de ida como de retorno.

Nos quedamos en Waku Lodge. Un campamento/posada a orillas de la Laguna de Canaima. Frente a este Lodge están ubicados los saltos Ucaima, Glondrina, Wadaima y Hacha. Visibles desde cualquiera de sus cómodos y hermosos muebles para el descanso. Por supuesto, tiene su respectiva vista a ciertos tepuyes como el Kusary, Kurun y Kuravaina.

Wakü se siente como hospedarte en esa selva amazónica que es Canaima, con comodidades y sin ser invasivos o intrusivos. Sus espacios están llenos de pericos, guacamayas, tucanes, loros y otros pintorescos amigos voladores que no se niegan a ser fotografiados.

Nuestros tours comenzaron desde el primer día que llegamos. Desde la Laguna de Canaima, tomamos una curiara junto a un guía bastante peculiar y el motorista encargado. Conocimos los saltos de agua ubicados frente a nosotros: Ucaima, Wadaima, Golondrina.

Con un poquito más de navego, llegamos a la isla Anatolli y comenzamos una caminata que mezclaba paisajes de selva y sabana hasta arribar al Salto El Sapo. Un poco más allá encontramos al Salto El Hacha, por el que tomamos una escalinata rustica que nos permitió, después, cruzar la caída de agua caminándola “por dentro”. Es decir, pasear entre la pared de piedra y la cortina de agua formada.

Decidimos –o bueno, mi papá decidió- no tomar el tour con la opción de sobrevuelo por el Salto Ángel. Además de ser más costoso, a principios de enero era bastante probable que las nubes no nos dejaran divisarlo entre ellas y perdiéramos todo el dinero invertido. Preferimos hacerlo en curiara y llegar a él caminando.

Y ese cuento del siguiente día ya lo conté, el Salto Ángel, la caída de agua más alta del mundo.


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