Alfajores a un sol, vendedores ambulantes en Perú

Un bosquejo sobre el día a día de los venezolanos vendedores ambulantes en Perú, específicamente de los que ofrecen los famosos alfajores.

“Cada día es una nueva oportunidad. 
Puedes construir sobre el éxito de ayer o poner tus fracasos en el pasado y empezar de nuevo. 
Así es la vida, con un nuevo juego cada día y así es el béisbol.”
Bob Feller

La flaca se levanta todos los días a las seis de la mañana. No le hace falta alarma. Además del reloj biológico, tiene una ventana sin cortinas justo en frente. Ha llegado al Perú por pura aventura, pero en el fondo espera sorprenderse, algo que le sacuda los planes. Tiene 23 años siendo la princesa de casa, aunque es la hermana mayor de un pre-adulto de 20 años que se ha quedado en Venezuela.

El flaco es más flojo para despertarse. En su habitación en Venezuela, al amanecer, ya pegaba el sol de frente a su ventana con vista al Mar Caribe. Tiene 24 años y ha llegado a Lima por acompañar a su novia. Es el hijo del medio y el único varón de tres. Con empresa propia en el rubro de la indumentaria, nunca antes había salido del país antes de cruzar el Puente que conecta San Antonio del Táchira con Cúcuta en Colombia.

La negra tiene al menos un mes más que ellos en Lima. Guaireña de nacimiento y crianza, se gradúo técnico de una carrera que nunca pudo ejercer. En Venezuela, su empleo más significativo se basó en la fundación de una venta de lotería de animalitos. De dicha empresa informal salía el dinero para mantener a casi toda una familia, hasta que la necesidad y ganas de superación la trajeron, con dinero prestado, a Perú. 23 años recién cumplidos y de una forma u otra, también la princesa de su casa.

El gordo –o el calvo- como nazca decirle en el momento, estudió Ciencias Políticas en la Universidad Central de Venezuela. Como muchos y hasta como su propia novia, agarrar el título no fue tan importante como comprar un pasaje de ida al Táchira y salir del país por carretera hasta Perú. Llegó dos semanas después que la flaca y el flaco, pero desde antes estuvo intentando establecer un negocio basado en un carrito de comida que sólo utilizó dos días después de su llegada.

La flaca, el flaco, la negra y el gordo viven junto a dos personas más en un apartamento de tres cuartos al Norte de Lima en el distrito de Comas. Justo detrás del Mega Mercado Unicachi. Todos los días, suben y bajan de distintos autobuses en la Avenida Universitaria durante varias horas. Venden Alfajores a un sol, un producto que se ha vuelto bastante popular en todo Lima gracias a personas como la flaca, el flaco, la negra y el gordo, que se han dedicado a la venta ambulante por distintos motivos.

Los vendedores ambulantes en Perú

A lo venezolano, el alfajor que comercializan está compuesto por dos polvorosas que se conectan gracias a una capa de arequipe, en Perú es llamado manjar blanco. Los discursos van desde sólo ofrecer los “ricos alfajores rellenos de manjar blanco a un sol cada uno”, hasta charlas más elaboradas que hablan de evitar el odio y hacer un llamado de conciencia.

Como ellos, existen miles de venezolanos que diariamente salen a perseguir combis, buses o personas para vender no solo alfajores, también canchitas, bombas, panquecas, tequeños, pies, pasteles, bombones o cualquier otra golosina. Abogados, contadores, enfermeros, ingenieros, cocineros, comunicadores, comerciantes, profesores, administradores y hasta policías. Titulados o que quedaron a mitad de carrera. Todos se han mezclado y viven bajo el título de vendedores ambulantes o informales.

El abanico de profesionales es tan amplio como el de productos ofrecidos. O como la mezcla de acentos regionales. Incluso como las razones por las que han decidido vender informalmente. Unos esperan tener el famoso Permiso Temporal de Permanencia (PTP) para buscar un trabajo donde le paguen un sueldo justo; otros, teniéndolo, han preferido ser sus propios jefes por no soportar las largas jornadas laborales; algunos se encuentran en el limbo del inmigrante, donde el dinero producido apenas alcanza para la comida y las deudas.

Los vendedores han forjado su propio lenguaje, su propia jerga. Le llaman ponche o blanqueo a bajarse de una unidad de transporte sin haber hecho una sola venta, han denominado como “charlear” a dar un discurso elaborado en el que no sólo ofrecen el producto sino piden disculpas, hablan de la situación de Venezuela o comentan como con un sol aquí pueden hacer muchas cosas y un bolívar no vale nada en absoluto. Han adoptado el “estás rayando” peruano, para usarlo como el “estás matando” venezolano, que significa que se está terminando el producto de una buena forma. Algunos hasta regalan un billete venezolano con cada compra, otros hasta los venden.

Todos los días se entran en debates morales distintos. Que si está mal vender con o los billetes, que si de igual manera no valen nada, que si en Venezuela los necesitan, que si no representan ni un pasaje de ruta urbana. Así como también existen aquellos que tienen resentimiento hacia los peruanos y otros que han desarrollado simpatía. Hay los que se bajan de un autobús echando pestes y maldiciendo estar en tierra Inca, y también aquellos que simpáticamente dan las gracias al conductor por haber dejado que trabajara en su unidad.

Las personalidades van más allá del personaje que transmiten cuando hablan en un bus. También las amistades que se han formado. Al menos en los que laboran en la Avenida Universitaria. La cosa es distinta hacia la Avenida Panamericana Norte u otras cercanas, donde los usuarios pueden conseguirse hasta tres vendedores juntos en una sola unidad, que, de hecho, puede ir full de pasajeros parados. Uno baja y ya el otro está en medio pidiendo permiso a las personas paradas para continuar.

No es así en La Universitaria, donde sólo se sube uno por tanda y existe una cola implícita si hay muchos vendedores en una parada. Se respetan, dentro de lo que caben, los turnos. Lo mismo con las unidades que llevan individuos de pie, son muy pocos los ambulantes que pretenden vender en esos autobuses. Se conocen incomodos y estadísticamente malos para la venta. Es más probable vender en una unidad donde haya sólo ocho personas sentadas, que en la que se vean ocho paradas.

El mundo de los vendedores se pinta multicolor y variante, y aunque existen sus personas falta de valores, es un oficio que les ha regalado un soplo de humildad a muchos, así como ha desarrollado talentos a otros. Existen los que, en Venezuela, cuando subía un vendedor ambulante al autobús donde iban, miraban por la venta, se hacían los dormidos o simplemente los ignoraban, sin responder si quiera el buen día; ahora les ha tocado ser ellos los ignorados. Hay experiencias que son necesarias en la vida, alegan estos.

También se encuentran aquellos que no podían hablar en público por cuestiones de pánico escénico. Las ventas los han hecho más extrovertidos, sueltos y sociables. Otro par de cientos dicen que han perfeccionado su habilidad para las ventas y pueden conseguir que le compren cualquier cosa que ofrezcan. Varios de ellos simplemente lo ven como una oportunidad de tener un ingreso extra y no se han detenido a pensar en lo positivo que les ha traído a su vida.

La flaca, el flaco, la negra y el gordo cada vez venden con menos frecuencia por tener o estar buscando otras oportunidades laborales. Se han quedado con los amigos, lo aprendido y la capacidad de automotivarse. Han aprendido que la vida es como vender en los autobuses, siempre habrá una nueva oportunidad en el porvenir y para aprovecharla hay que montarse en el próximo, aunque en el anterior te hayas ponchado. 


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16 comentarios

  1. Es increíble la fortaleza que tenemos los venezolanos, trabajadores y sobre todo soñadores, siempre con ganas de superarse sin dejar la sonrisa a un lado.

    Muy lindo este post Michi, me gusto mucho.

    Un beso,
    Jes

  2. Ay Michi este post me llego al corazón.
    AMO como escribes y que lindo
    que puedas contar sobre todas estas historias.

    Beso enorme
    Mary

    • Ay, qué bonito tu comentario, Mary. Me alegra mucho que te haya llegado al corazón. Hay muchas historias que contar que no me alcanzaría la vida. Un beso enorme hasta Argentina.

  3. Que especial que eres hermosa, tu tus historias y tu manera de contarlas. Nada en ti es común por eso tengo la certeza de que llegaras muy lejos.

    Ps. Si yo veo a la flaca por ahi le compro todos los alfajores! 🙂

    Besos inmensos.
    Lola

    • ¡Ay, Kim, eres la cosa más bella del mundo! Un millón de gracias siempre por todos tus comentarios bonitos y que me animan a seguir escribiendo. Un beso enorme que llegue hasta el norte de América!

  4. Definitivamente el venezolano es muy trabajador y si quiere sale adelante. Es bonito ver historias que si bien son de lucha, estoy segura que terminarán muy bien.

  5. Me ha encantado leerte… Aquí, en España, trabajo en una ONG que se encarga de tramitar la documentación de personas que piden protección internacional y asilo. Y a veces es duro conocer las historias que hay detrás… un abrazo enorme!

    • ¡Qué bonito tu trabajo! De verdad que cada día necesitamos más organizaciones y personas que se dediquen a esto, es bien importante sincerar el estatus migratorio para que la sociedad funcione mejor y no llegar a molestar una cultura y leyes que no son nuestras.

  6. Pues no sabía de estos manjares pero pintan deliciosos… y con mucha historia y charla dependiendo de quién te los venda, por lo que veo 😉
    Un beso

  7. Esta muy bueno el post ♡ soy peruana y me gusta como los venezolanos son emprendedores ♡

  8. Que linda esta vivencia que nos cuentas y mostrarnos que la flexibilidad abra puertas y caminos, esta historia de Venezolanos abriéndose camino en otro país me parece inspiradora. Un abrazo!

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