París y una historia de amistad

La historia de mi mejor amigo enamorado de utilizar el tren para viajar por Paris y nuestra historia de amistad.

Midnight in Paris movie
La nostalgia es negación. Negación del doloroso presente.
Midnight in Paris

Mi mejor amigo acaba de regresar de la India. Estuvo unos días en un congreso por parte de una Organización No Gubernamental de Planificación Familiar y estoy muy orgullosa por ello. Sin embargo, eso no es lo que me anima a contar que él estuvo en la India. Ni siquiera es que haya estado en la India. Aunque su foto con el Taj Mahal sea la foto más bonita que me ha enviado nunca. Y la más especial, sin duda. I have a thing con esa Maravilla del Mundo desde que hice un trabajo sobre ella en octavo grado. Pero la cosa es que hizo escala en París antes de arribar a la India.

Y no sólo hizo escala en París, sino que perdieron el vuelo y tuvieron que quedarse un día en la Ciudad. Y la cosa son sus vídeos y fotos de la Ciudad del amor, de la luz, de la vida. Y es que cada rincón de París es una película que hemos disfrutado sino juntos, casi. Porque el cine es una de nuestras actividades favoritas. Lo que nos unió como amigos, de hecho.

Pero retomo que cada foto era un fotograma de algún film disfrutado. De Midnight in Paris, de la Belle Personne, o de mi favorita, The Dreamers. De Theo e Isabelle. De Louis Garrel, mi actor francés favorito. ¡Es que hay tanto que ver en París! Que quedarse solo en la foto de A con la Torre construida para la Exposición Universal del 1889 sería un crimen.

Sensaciones de París en 24 horas

Por eso le pregunté, desde su perspectiva, qué hizo, vio y pensó el en París durante el día en el que estuvo. Nada más acertado que contar desde la experiencia, sobre todo al momento de hablar del transporte y sobre cómo le encantó usar Interrail por Europa, así que aquí va:

Como soy dramático, cuando estaba llegando el avión me puse a ver Amelie, porque estaba en las películas y como tenías que estar en el mood, la puse y la vi. Cuando llegué estaba muriendo de frío. Bueno, en el aeropuerto fue acogedor, pero cuando salí sí me estaba muriendo de frío. Por la pérdida del vuelo y todo el tema, tenías que escoger un lugar a donde ir y yo escogí Notredame y la Torre Eiffel.

Cuando te montas en el tren es súper emotivo porque estás en una realidad que es súper ajena a ti, que solo habías visto en películas, pero que es tal cual como lo habías visto e incluso mejor porque tienes los detalles más cerca y es algo encantador. El metro es inspirador. Te hace sentir en las películas que has visto. En el metro había un tipo tocando la canción de Harry Potter y eso fue increíble. Fue como wow. Porque ya vas caminando encantado, como que no te crees que estás en Francia y escuchas esa canción y es wow.

Cuando sales de las estaciones de metro también es brutal. Es super fino porque yo todo lo asocio a lo que ya había visto de Francia, y todo lo que había visto era escenas de películas… y ¿sabes justo esa toma en contra picado de las personas saliendo del metro que es la escalerita pequeña y cuando vas subiendo el hueco están las luces y toda la ciudad?

Y te encuentras con todo. Tu sales de ese huequito y te encuentras todo alumbrado, las calles, los autobuses de dos pisos sin techo, bicicletas en los postes, personas con sus abrigos. Eso fue lo más encantador, ver a la gente vestida, es como si fuese una pasarela de moda. Unos mejores vestidos que otros, pero todos arrechísimos (grosería venezolana utilizada para algo muy muy impresionante). Y eso quizás para ellos es muy normal, pero para mí fue demasiado arrechísimo.

El Sena, yo esperaba que fuese algo sucio. Y no sé si es porque fui en invierno y hay mucho frío, pero yo no vi nada sucio. Tampoco vi nada mal. Nada. Tampoco vi ratas, que era mi mayor preocupación. Los callejones angostos también son reales. Las calles super activas y coloridas.

Y nada, vi Notre Dame. Que está saliendito de la estación. Y lo primero que pensé fue en el Jorobado y que se estaba quemando. Porque mientras vas caminando recuerdas que no puedes entrar y se ve muy triste. Da esa apariencia. Todo muy triste. Y luego nos fuimos a ver la Torre. Tu sales del tren y vas caminando y la ves de lejos y es como wow. Te dices ‘qué loco que esa sea la Torre Eiffel’, y vas caminando y la cosa es como imponente. Lo primero que yo vi fue los destellos de los faros y nada, ‘es la torre Eiffel, qué loco, ya estoy aquí’.

Cuando te vas acercando es increíble porque ella se va como parando encima de ti y tu quedas super minúsculo y cuando empieza a titilar es como ‘berro, que loco, que bello y que brutal’. Esta es mi parte favorita del viaje, porque pregunté por los baños y lo hice en francés: y le toilet? Y ahora es mi palabra favorita.

Cada vez que hablo con A del tema sueño. Siento que yo hubiese vivido de igual forma París, a través de las películas que hemos visto. ¡Ay, París! Algún día también me tocará viajar en tren por Europa.


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