Pedir sin quejarse (a propósito del mes del amor)

Time will figure it out
... if you haven't yet

Nueva experiencia desbloqueada: ver cómo se llevan el cuerpo inerte de La Abuela después de ocho días hospitalizada. Y duele. No más ni menos que otras muertes experimentadas. Duele distinto. Tengo 25 años y me he quedado sin abuelas. Sin una nona que se emocione porque me voy a casar o baile toda la noche ese día –aunque La Abuela M no era muy bailarina-. La verdad, ni siquiera sé si me voy a casar algún día, no es una de mis metas –debo confesar-, pero me he quedado sin la oportunidad de vivir y compartir todo eso que las nietas hacen con las abuelas en fechas especiales.

Mis hijos, si es que los tengo, porque esa tampoco es una de mis metas por ahora, no tendrán bisabuelas como yo que pude tener una. Y aunque puedo aceptar todo eso como quien no tiene más remedio que aceptarlo, “me sienta mal”. No todo el tiempo, la verdad, unos días me hacen más intensa la incomodidad del dolor que otros. Hay algunos en los que tengo claro que no importa cuánto pase en la vida, best is –always- yet to come, aunque muchas personas no puedan acompañarnos en eso. Y entonces tengo pensamientos bien capricornio de independencia y autosuficiencia. Pero eso me recuerda que pasaré “el día del amor sin amor” y aunque nunca ha sido importante para mí, el FOMO está siempre ahí atento a algún descuido.

Antes de quejarme sobre el día, me he pedido a mí misma recordar que hay varios tipos de amor. Tengo una familia a la que amo mucho y ella me ama a mí. Ese es un tipo de amor que no todo el mundo tiene el agrado de contar. Hay familias de familias. También tengo par de amigos increíbles. Bueno, quizás un poco más de un par. Amigos de esos con los que la paso bien incluso cuando estamos maltrippeando. De esos a los que puedo hablarles un millón de veces del mismo tema y no tienen problema en repetirme un millón de veces lo que ya sé. Lo más importante: son amigos con los que frecuentemente pienso que no cambiaría nuestros momentos por nada y con los que pienso que si los tengo todo va a estar bien.

El otro día vi una imagen que decía “piensa con quién estás cuando te sientes bien” y evidentemente ellos son parte de eso. Sé que soy una persona difícil, así que me siento profundamente agradecida de tenerlos. La verdad, nunca he sido de demasiados amigos o cómplices, en eso he sido más bien reservada, pero tengo años cosechando amistades increíbles que hoy me hacen decir que la amistad es una de las cosas más bonitas que tenemos como seres emocionales. Sobre todo, las amistades que nos suman y con las que la vida siempre se pinta de bienestar.

Y así llego al punto cliché: el amor propio, “que es el más importante”. Eso de tenerte a ti mismo y que la única persona que te acompaña siempre eres tú. Y la verdad es que molesta un poco lo rayado del disco, pero admito que creo firmemente en que las relaciones interpersonales funcionan mejor cuando nos conocemos y somos capaces de entendernos, aceptarnos y superarnos cada día, sobre todo en lo emocional.

En una de esas conversaciones que no son contigo, pero te agarras para ti escuché que uno debe construirse primero uno y tener clara su vida para luego poder compartirla con alguien más. Le tomo la palabra. Todo va mejor si estás bien contigo mismo. No tengo dudas. No quiere decir que no se pueda ir creciendo en compañía de alguien más, pero el trabajo personal es completamente independiente.

Antes de quejarme, me pido saber que desde que lo escuché de la boca de una Coach aplico lo de “pedir más y quejarme menos”. Aplica para todo en la vida. Pasamos mucho tiempo esperando que pasen cosas, que los demás hagan cosas que ni siquiera les pedimos. Pasa mucho con fechas especiales como el 14F. Queremos que, de repente, nuestra pareja o amigos tengan detalles con nosotros porque les nazcan, pero resultado que nos hemos buscado a la compañía menos detallista o la más dejada y no lo hacen. Y, sin decírselo, nos molestamos cuando llega el momento y la cosa no va más allá de un feliz día.

No necesariamente una fecha especial tiene que ser el 14F, aniversario, cumple mes o cumpleaños, a todos no nos importan las mismas cosas, pero la mayoría sí esperamos cosas en esos casos. Hay una clave para eso: pedir sin quejarse. En lugar de reclamar que no fuimos a comer durante tal día, proponerlo. La queja es la consecuencia de una petición implícita o nunca hecha. ¿Por qué no pedir que se haga algo de cierta forma antes de que la persona lo haga de una manera distinta y llamarle la atención? Quejarse menos y pedir más. Esa es la clave. En lugar de molestarnos porque ese amigo o amiga no está pendiente de que “estamos tristes”, suena mejor pedirle un café y una buena conversación. Por supuesto, hay un límite entre el pedir detalles. Nadie quiere estar pidiendo siempre que su pareja tenga buenas atenciones consigo. Hay algo que se llama pasar la página o “amiga, date cuenta”, pero ese es otro tema.

En fin, feliz mes del amor, feliz día del amor y la amistad –porque también los amigos son relaciones que hay que fomentar- pidan más y quéjense menos.

Publicado en: Blog

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