Te perdono y me perdono

Cada vez iré sintiendo menos y recordando más
Rayuela - Cortázar

Mi primera –y única- “relación” tóxica le ha dado like a mi última foto en Instagram. No me sigue, no lo sigo. Nunca nos hemos seguido. No existía la fiebre de Instagram cuando “estábamos” juntos. Aunque es probable que la situación fuese la misma de haber existido. Nunca abro Facebook, hoy lo hice y me conseguí con que también me ha agregado hace dos días. Yo no quiero ser tu amiga.

No te tengo rencor. Ni siquiera pienso en ti, pero no quiero. ¿Qué no quiero? No, no quiero nada que ver contigo. No sufrí demasiado. O bueno, ahora que he sentido “verdadero” dolor, sé que cuando somos adolescentes sentimos todo como el fin del mundo. Y que ahora sepa el por qué y entienda mis emociones de aquel momento, no te hace, ni me hace, menos culpable de lo que sentía.

Te perdono. Ya lo he hecho desde hace mucho. Y también me perdono a mí. Hay muchas cosas que he olvidado sobre nosotros y aunque no me arrepiento de nada, hay otras que quiero guardar para mí por siempre y no compartirlas con nadie. Por lo menos hasta que sepa –y sienta- que esa persona puede comprenderlo.

Siento que eres la persona que menos merece nada de mí y la que más me enseñó. Es hasta paradójico que quien menos debe ser contado es quien más mostró todo lo que no quiero, y quien me hizo entender tanto. Aunque ya sólo con eso, creo que sí debes contar. Claro que cuentas.

Después de ti aprendí a identificar la manipulación. Aprendí a irme por voluntad propia, aunque me cueste mucho, de donde no me siento bien. Aprendí que quien te quiere también te daña, sobre todo si no conoce sus emociones. Aprendí que no soy de “ni contigo, ni sin ti”, que soy de las que se tarda en decidir, pero cuando lo hace no hay vuelta atrás. Aprendí a dejar atrás. Aunque me cueste mucha fuerza de voluntad. Aprendí a decir que no, y también a decir adiós. Aprendí a ser honesta con lo que siento, a admitir que soy vulnerable y que no soy la típica mujer que se ofende con algunas acciones.

Aprendí que hice mucho por ti sin que significara nada para mí y eso no debe pasar más. No ha pasado más. Aprendí que hay códigos que desconocía sobre cómo funcionan las relaciones. Incluso en lo sexual. Aprendí que ser virgen no te hace santa ni inocente. Una de las lecciones más importantes: aprendí que el sexo no enamora, pero que como lo dijo Von Trier en Nymphomaniac “the secret ingrediet to sex is love”. Aunque eso lo comprobaría muchos años después.

Y no te culpo por lo que ahora puede verse como aprovechamiento, porque tú también eras joven e inmaduro. Y es bastante probable que sigas siendo inmaduro. Y es algo que alego sin ningún tipo de rencor. Lo hago desde la persona que puedo conocerte un poco hace algunos años.

Contigo aprendí también a disfrutar. A no estar tan preocupada por lo que va a pasar después y vivir el ahora. Tranquilo, no todo fue malo. Aprendí a dejarme ser. No te amé nunca. No me enamoré. Pero comprendí lo del amor propio más temprano que el promedio de las niñas. Y antes de que estuviese de moda. Sobre ese primero yo y lo que me hace bien, después lo que desean los de más de mí.

Aprendí que puedo ser mala, cínica y descarada, pero no quiero ser así.

Nunca había escrito sobre ti, no pensaba que tenía cosas para decir, no se me ocurrió nunca hasta saber que me querías hacer saber que, aunque sea por redes sociales, sabes de mí.

Hace mucho tiempo supe que había dejado atrás cualquier vínculo tóxico o dañino con respecto a nuestra seudo-relación. Desde hace mucho puedo hablar de ti como alguien con quien salí, pero confieso que nunca había pensado con determinación sobre el aprendizaje. Podría escribir páginas y páginas enteras. Te había perdonado, pero no te agradecí nunca hasta hace poco. Para muchos no significaría nada, para mí se trata de años siendo lo menos tóxica que puedo en cuanto a mis relaciones con los hombres y eso te lo debo. Fuiste el primero que me interesó y fuiste tan exageradamente tóxico que me enseñaste a identificarlo y me ahorraste años universitarios de martirios y víctimas.

Gracias a ti mis relaciones interpersonales tóxicas existieron muy poco, o por muy poco tiempo en una muy bajita escala. Gracias a ti nadie nunca me ha afectado a tal punto de caer en depresión, hasta ahora. Even you. Nadie puede manipularme al punto de yo no percibirlo. Gracias a ti no hay abusos. Y lo agradezco porque tú no tuviste que ser así para enseñarme por dónde no debo ir. Creo que ese es tu mayor logro, aportar un poco a hacerme una mujer “que no se cala nada de nadie” sin necesidad de haberse calado algo de alguien.

Gracias, porque mi primera –y única- relación seria hasta ahora fue todo lo que esperé en tranquilidad emocional y fue todo lo que necesité en el momento y lugar en el que me encontraba. Eso te lo debo también porque me aprendí a identificar lo que quería, a no conformarme con menos y a ser determinada en mis decisiones.

Gracias, porque te perdono, y me perdono, las veces que sean necesarias para seguir caminando livianita.

michelleuz

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