Lecciones de verano de todos los tiempos que reconfirmé en estas últimas vacaciones

Tu es celui qui rythmes mes bonheurs,
qui rythmes mes humeurs
Juste comme ça
Ça ira - Joyce Jonathan

Hay cosas que quiero olvidar. Recuerdos de una vida que es mía pero a veces siento que no. O no quiero que lo sea. No me los reprocho. Me hacen ser quien soy. Y me gusta quien soy hoy. Me encanta. Aun así, no puedo evitar pensar en que hay episodios que no quiero ni siquiera repetir en mi cabeza. Como ese junio en el que choqué y todo cambió. Fueron unas vacaciones para aprender tanto, tanto, tanto, que quiero quedarme con eso y no con el proceso. 

Hace más veranos de los que me gustaría admitir, no tengo vacaciones oficialmente. Se me fueron al terminar la universidad. El último, que se extendió hasta diciembre por mi capricho de irme a conocer Machu Picchu, fue aquel del año en el que me gradué. En esos años previos, me encantaba mirar hacia atrás en septiembre, antes de comenzar clases, y ver todo lo que había aprendido en el último mes o las últimas semanas.

Pero ¿qué hablo si en Venezuela no tenemos estaciones? ¿verano? Mejor sería decir vacaciones, sin otras etiquetas. El punto es que siempre había checks de actividades, experiencias o momentos que terminaba marcando de mis “to do lists”. Summer affaires, aprender actividades nuevas, conocer lugares soñados, visitar a familiares que no veo tanto, noches en la playa, días de montaña; son muchas las oraciones que podría hacer sobre vivencias que marqué cada verano -vacaciones- desde la adolescencia hasta una preadultez tardía. 

Este agosto pasado fue lo más parecido a eso que no he tenido en muchos años. La frase “estamos en agosto” fue mi excusa para salir con mis amigos un martes o un miércoles y no llegar a casa. O para aceptar irnos a cualquier lugar, en cualquier momento. O hacer el plan que se nos ocurriese en el minuto en el que surgiese. En todo ese proceso -y después de un fin de semana en la playa que movió mucho de esos recuerdos que quiero olvidar-, volví a mi yo de hace algunos años y saqué muchas lecciones de todo ello.

Lecciones de verano que aprendí -o reconfirmé- este 2021

1 Compartida la vida es más

Gracias, Movistar, y permíteme robarme tu slogan. No puedo asegurar cuántas veces he mirado a mis amigos en los últimos meses y he dicho: “no necesito nada más”. Porque los tengo -y me tienen-. Porque me hacen querer ser mejor y me gusta impulsarlos a ser mejor. Porque respetan mis ideas locas y apoyan las impensables. A veces los veo y siento que uno también se puede enamorar de sus amigos.

Pero no solo agradezco hoy por mis amigos, sino por las personas con las que me cruzo. Desde las que se quedan, hasta las que solo tienen un papel breve y puntual en mis días. Personas que tienen un motivo, aunque no entienda hoy -ni mañana- el por qué llegaron aquí. 

2 El valor de la soledad

Aún sabiendo todo lo bueno que es interactuar en sociedad y lo necesario que es, reconfirmé que también necesito demasiado mi tiempo a solas. El que es mío y de nadie más. Con el que puedo escribir por horas sin sentir que hay alguna presión externa. O el que me impulsa a tomar las acuarelas y pintar cualquier cosa que no me va a gustar luego. Tiempo en el que me formo en algún tema que no sea necesario por el momento pero que me provocó. Horas para limpiar mis cuatro paredes -lo único que quizás siento mío por ahora- y renovar espacios. 

3 Cuidar tu imagen y consentirte físicamente no es superficial 

Y aquí voy con varias sublecciones de moda y belleza que hoy me parecen importantes:

  • El desgaste de nuestra piel y propiedades que nutren nuestro cabello es real cuando se expone demasiado al sol, el salitre y otras condiciones que son extremas. Protector solar y algún producto que hidrate aunque sea un poquito el cabello es esencial. 
  • Los accesorios hacen la diferencia en un look, totalmente. Sobre todo los cinturones y correas y más que a nadie a mi que lo que me puede quedar bien de piernas me queda enorme en la cintura y necesito ajustar todo. En especial los denim shorts a la cintura que tanto me gusta usar. 
  • Los white dresses y los black dresses son mis mejores amigos. Los primeros para los días de playa y los segundos para las noches de fiesta. No fallan. Razón tiene la frase de When in doubt, wear black. Y ese estigma estético que ha relacionado el blanco siempre con el verano. 

Hay cosas que quiero olvidar pero estas lecciones no están entre ellas. Todo lo contrario. 

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