My life as Carrie Bradshaw en este blog version reflexiones sobre mi wanderlust.

Escribo ahora mismo desde la habitación 614 del Lidotel de Margarita, recordando lo rico que es estar de viaje, aunque por ahora es de trabajo. Y, también, reflexionando respecto a mi wanderlust y lo reprimido que ha estado. No me reprocho. El contexto no es el más optimo, pero sí tengo ganas de complacerlo pronto. O de administrarme y planificarme mejor. Aunque sé que por trabajo lo seguiré haciendo aunque sea regionalmente, o eso espero.

Aún así, siempre que viajo, sea por lo que sea, me reencuentro con la Michelle que creó un blog hace casi 7 años. O, mejor dicho, que lo hizo público en noviembre 2014, con la idea de contar historias, compartir aventuras y conectar con personas. Y me dan ganas de escribir mucho. Y soñar más. Mi mente se va hacia todos los sitios a los que quiero ir. No para. Esta vez he pensado en todos los lugares para visitar en México.

El primero, en la ciudad, la Casa de Frida y Diego. Porque soy yo y el arte, el arte y yo. Esas casas una al lado de la otra, casi gemelas, conectadas solo por un puente, me llevan a Cortázar en Rayuela y ese fragmento del Capítulo 93 (mi tormento) que dice: “me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero”.

Y es curioso porque todos sabemos que el amor entre Diego y Frida fue tormentoso o, como nos encanta llamarlo ahora: tóxico. Como el de La Maga y Oliveira. Y lo es también porque Juan O’Gorman, el arquitecto que fabricó la casa, lo hizo bajo parámetros funcionalistas, estilo arquitectónico que desarrollo Le Corbusier -una de las referencias en Rayuela sobre construir un puente que, no puede ser de un solo lado porque no sería suficiente para sostener un amor-. El amor y un puente que no lo sostiene. Parece casi una referencia intertextual. O lo acabo de convertir en ello.

Atractivos naturales de México

Luego se me viene a la mente todos lo paradisiaco que tiene el país y, por supuesto, ni hablar de las comidas en México, qué seguro son increíbles. Porque también soy yo y le picante, el picante y yo. Porque sí, debo admitir que yo también quiero conocer Tulum, tan popular y quizás desgastado últimamente por los turistas. Cliché, pero sí, me encantaría.

O Cancún, popular desde siempre. O las Pirámides. Que quizás no son tan naturales, pero están desde hace más años de los que probablemente hayamos registrado.

La verdad es que soy más de atractivos naturales y culturales que de cualquier otra cosa. Sería feliz simplemente con una playa bonita en la que pueda descansar en la arena mientras escucho como el mar se mueve minucioso y va cayendo el sol en el horizonte. Hasta que aparezcan las estrellas y, como Anakena, quiera estar “contando estrellas en el cielo hasta que salga el sol”. Y repetir lo anterior. La vida on repeat que siempre tengo cuando viajo a lugares playeros.

Ay, México lindo y querido, vamos a ver cuándo cumplo con estos deseos.