Reflexiones al rededor de la industria de la moda y la realidad detrás de las campañas lanzadas por marcas famosas

Cada vez iré sintiendo menos y recordando más
Rayuela

“Somos la generación de cristal” leí una vez en Twitter. Y sí, es así. Todo nos rompe, todo nos hiere, todo nos daña. Delicados a más no poder. Vivimos en la época donde todos escupimos ideas y decir “no tengo suficiente información como para dar mi opinión” aún no lo hemos normalizado. ¿Es eso o es que a veces no queremos pensar? Definitivamente, estamos saturados. Está bien no querer pensar. También me pasa.

Si enumeramos temas polémicos en la actualidad no nos bastaría con una sola mano. Quizás nunca nos ha bastado, pero actualmente la escala de grises se ha multiplicado y el blanco y el negro cada vez están más lejos. En el segundo capítulo de Merlí Sapere Aude la profesora que ahora ocupa el lugar del famoso personaje echa un chiste sobre dos personas con síndrome de down para contextualizar que hace unas décadas la percepción que tenía la sociedad no era la misma que la actual. Hemos normalizado algunas cosas y otras las hemos dejado en lo abstracto.

“Ahora que la moral ha cambiado, ¿podemos hacer chistes sobre estos temas?”, dice, “¿hasta dónde llega el humor?”, agrega. El famoso comediante venezolano George Harris recientemente se ha metido en uno de estos espirales de opinión en donde, como es usual, el blanco y el negro opacan la enorme escala de grises. No se puede ser distante, no se puede no tener una opinión. Hay que decir, apoyar o contrariar algo. Si no te muestras descontento, estás contento. No existe una opinión intermedia o, simplemente, no existe que puedas mantenerte al margen.

Estamos hartos. Saturados de opiniones. Sobrepasamos la sociedad de la información para llegar a una época en la que nos manejamos en una matriz de opinión que creemos entender, pero a la larga funciona con blancos y negros bajo el yugo de aquellos que lideran las matrices de opinión.

Calvin Klein ¿oportunismo o inclusión?

La última polémica de la industria de la moda por la que quise interesarme y me rendí quizás sin intentarlo demasiado fue la protagonizada por Calvin Klein con su modelo que tenía todas las características de movimientos sociales en la palestra de opinión: afro, tans, curvy. No me malentiendan, apoyo cada una de estos movimientos sobre todo para normalizarlos, pero debo admitir también que este tipo de campañas, lejos de generar empatía o acercamiento, a veces, como en este caso, distancian mucho más las causas o se pintan como demasiado oportunas.

Es que… ¿no les parece que hacer mil bromas –y memes- sobre el asunto no nos hace estar lejos de normalizarlo? Es decir, si magnificamos el asunto, seguimos aislándolo, y al final resulta que seguirá siendo rompe esquemas con potencialidad hacia el oportunismo. Mientras más le demos vueltas, más lo alejamos.

De igual manera, Calvin Klein lo logró: se coló en la boca de todos en menos de lo que canta un gallo y quedó marcado como un hito histórico su campaña. Y nosotros, seguimos usando su ropa, porque nos encanta, ¿a que sí? Sobre todo, a los hombres ese Boxer CK de la Dalia, tienda donde se puede conseguir esta marca para compras online. Y, por cierto, ya han anunciado nueva campaña de trajes de baño con Bella Hadid de protagonista.