zapatos de colegio

Siempre he sido fanática de los clásicos, y aunque en la escuela quizás los odie -como todos- los zapatos de colegio (a.k.a loafers, mocasines, ect) son de mis favoritos. Porque sí: tengo una confesión un poco particular y es que amo lo que una de mis amigas llama zapatos de colegio.

Y no hablo de nostalgia escolar, en lo absoluto, sino de lo mucho que este modelo ha influido en mi forma de vestir actual. Para mí, más que un uniforme, fueron el inicio de una historia de estilo que sigo escribiendo hoy.

El origen del flechazo: cuando no sabía que estaba comenzando un romance

De pequeña, ponerme los zapatos del colegio significaba rutina: clases, recreo, cuadernos nuevos… pero con los años entendí que había algo especial en ese diseño: limpio, estructurado, práctico, eterno. Aunque como digo, quizás en ese momento no era verdaderamente consciente de esto. 

Y es que si ahora mismo devolviera el tiempo, pensaría que el calzado sería la pieza que más emoción me da elegir. Ese pequeño tacón cuadrado. Ese empeine rígido. Esa sensación de “estoy lista” que dan cuando los abrochas o te los pones de un tirón. Nunca pensé que a estas alturas terminaría buscándolos de nuevo, pero en versión adulta y estilosa.

De la nostalgia al estilo: cómo el loafer volvió a conquistarme

Lo que más me sorprende es que el loafer nunca desapareció. Ha estado siempre ahí, silencioso, constante, como una banda sonora que no notas hasta que la escuchas de nuevo y te preguntas cómo pudiste olvidarla.

Un día me probé un par —vinotintos, rígidos, minimalistas— y todo tuvo sentido. Era como si hubiese encontrado una pieza olvidada de mi identidad. Ese tipo de revelaciones que solo la moda te da: cuando algo encaja sin que tengas que pensarlo demasiado.

Hoy, los loafers son uno de mis esenciales. Me acompañan en el día a día, elevan cualquier look y siempre logran ese equilibrio perfecto entre comodidad, formalidad y estilo clásico. Cuando no quiero usar tacones (que es lo que más me pongo en mi día a día, sobre todo para eventos y dar clases), los tengo a ellos y me sigo viendo elegante.

El encanto eterno del loafer (y por qué sigue siendo tendencia)

Hay una razón por la cual los loafers aparecen constantemente en tendencias sin realmente ser una tendencia: son un básico del estilo preppy, minimalista y chic. Y aunque ahora los haya de mil tipos —chunky, con suela track, de charol, con hebillas, más alargados, más redondos— todos conservan esa estética pulida que nació justo allí: en los zapatos que muchos usábamos para ir al colegio.

Ese ADN de estructura y limpieza visual convierte a los loafers en una pieza que siempre regresa. Y no solo regresa: permanece.

Cómo uso ahora mis «zapatos de colegio»

Amo combinarlos con:

  • Pantalones rectos o sastre
  • Medias visibles (un toque bien colegial)
  • Suéteres oversize
  • Jeans mom o wide leg

Tienen esta magia particular: te hacen ver arreglada sin esfuerzo. Son la versión elegante y adulta de ese look “estoy lista para lo que venga”.

Lo que hay detrás de este amor con los zapatos de colegio

Creo que en realidad lo que me enamora de los loafers es su facilidad para conectar pasado y presente. Te recuerdan quién eras, pero también se adaptan a quién eres ahora.

Son parte de la historia de la moda, parte de mi historia personal y parte de ese estilo atemporal al que siempre vuelvo cuando quiero sentirme yo.

Al final, amar los zapatos de colegio es simplemente amar los clásicos.

Y si hay algo que la moda me ha enseñado, es que las piezas que te acompañan desde la infancia tienen una forma particular de regresar… pero más elegantes, más versátiles y más tuyas que nunca.