Un post lleno de vulnerabilidad: mi eterna habilidad pendiente por aprender: montar bici
Tengo dos habilidades pendientes en mi vida que he procrastinado muchísimo aprender por alguna razón a la que debería darle más importancia psicológica (suena exagerado pero creo que es así): aprender a nadar y a andar en bicicleta.
Montar en bici siempre ha sido una de esas metas pendientes que dejo para “cuando tenga más tiempo” o «se presente la oportunidad» (y nunca «creo» esa oportunidad), pero cada vez que busco información sobre la opción que para mí sería la mejor tienda de bicicletas (para comprar mi primera bici) me doy cuenta de que, en el fondo, lo que estoy buscando no es solo una tienda: es el empujón definitivo para empezar. Porque la verdad no necesito una bici propia para aprender. Al menos no como requisito indispensable.
Sí, aún no sé manejar bicicleta. Y decirlo en voz alta, cuando parece que todo el mundo aprendió a los seis años, tiene algo de vulnerabilidad. Pero también tiene algo poderoso: nunca es tarde para empezar.
No saber montar en bici (y querer cambiarlo)
Durante años pensé que aprender a montar en bicicleta era algo que simplemente “ya no tocaba”. Que si no lo aprendiste en la infancia, se queda ahí, como una casilla sin marcar. Y listo. Sin embargo, cuando veo que puedes pasear por los malecones de algunos de mis destinos soñados en bici o que una de mis travel pills es poder vivir en algún lugar en donde me pueda «manejar en bici» a todos lados…
Decidí que quería hacerlo. Y que aprender a «estas alturas de la vida» no era ridículo. Era valiente. Montar en bici no es solo equilibrio físico. Es equilibrio mental. Muy parecido a las posturas de equilibrio en yoga, lo que tanto me gusta. Es enfrentarte a la incomodidad de no saber.
¿Por qué cada vez más adultos quieren aprender?
El ciclismo urbano y recreativo ha crecido enormemente en los últimos años. No solo por deporte, sino por movilidad sostenible, ahorro y bienestar.
Aprender a montar en bicicleta siendo adulto tiene ventajas que no vemos cuando somos niños:
•Mayor conciencia corporal.
•Más disciplina para practicar.
•Motivación clara (salud, transporte, ocio).
•Capacidad de elegir el equipo adecuado.
Aquí es donde entra una decisión clave: elegir bien la bicicleta. Porque la experiencia inicial puede marcar la diferencia entre abandonar… o enamorarte del proceso.
Por ejemplo, si vives en ciudad o tienes poco espacio, una bicicleta electrica plegable puede ser una opción ideal. Combina facilidad de transporte, asistencia al pedaleo (que ayuda muchísimo al principio) y practicidad para guardar en casa o en la oficina.
la imagen que me impulsa
A veces me imagino en un pueblo costeño pedaleando al atardecer. Estas últimas vacaciones que volví a Choroní fue inevitable no pensarlo. Andar sin prisa. Sin tráfico pesado. Sintiendo esa mezcla de libertad y concentración que describen quienes aman la bicicleta.
Me imagino usando la bici para trayectos cortos, para moverme de forma más consciente, incluso para desconectar mentalmente después de un día largo.
Cómo empezar aunque nunca lo hayas hecho
Si estás en mi misma situación —adulto, con ganas, pero sin experiencia— estos pasos pueden ayudarte (son los que mentalmente repaso cuando pienso en cómo sería el proceso):
1.Elige el entorno correcto. Un parque amplio, suelo regular y poco tráfico.
2.Ajusta bien la altura de la silla. Poder apoyar los pies al principio da seguridad.
3.Practica el equilibrio sin pedalear primero. Impulsarte con los pies ayuda a entender la estabilidad.
4.No te exijas velocidad. El progreso real es mantener el equilibrio unos segundos más cada vez.
5.Rodéate de apoyo. Alguien que anime, no que presione.
Y, sobre todo, cambia la narrativa interna.
No es “soy malo para esto”.
Es “estoy aprendiendo algo nuevo”.
Más allá de la bici: lo que realmente significa aprender
Quizá aprender a montar en bicicleta a esta altura no sea solo sobre movilidad.
Tal vez sea sobre demostrarte que aún puedes empezar desde cero. Que no todo tiene fecha límite. Que todavía puedes tambalearte, reírte y volver a intentarlo.
Porque al final, la vida adulta se llena de responsabilidades, pero también debería llenarse de primeras veces.
Y quién sabe… tal vez dentro de poco esté escribiendo otro artículo contando cómo fue mi primera salida sin miedo.
Por ahora, lo importante no es saber.
Es decidir empezar.





