Primera escapada del 2021: Chichiriviche de la Costa, en La Guaira, Litoral Central de Venezuela. Cerquita de mí.

A veces pienso que la vida es bella cuando tienes con quien contemplar el mar.
Bajo el sol – El Otro Polo

Chichiriviche me suena a dos canciones: Plage, de Crystal Fighters, una de mis favoritas de toda la vida; y Movimiento, de Jorge Drexler, otra de las canciones que más puedo escuchar por siempre. Una por su tierna referencia a la playa y porque me trae muchos recuerdos bonitos, además de su ritmo y melodía increíblemente rica para conducir por caminos costeños con la brisa y las olas del mar acompañando la música; la otra porque es parte de la banda sonora de mi wanderlust (dícese del deseo que tenemos muchos de viajar y descubrir el mundo) y me lleva a un estado mental y emocional en el que de alguna manera a veces está muy bien sentirse fuera de lugar, o como “una especie en viaje” sin pertenencias ni equipaje, o que movernos es lo que nos mantiene vivos, porque somos “de todos lados un poco”.

El 2021 ha sido, quizás, más extraño que el 2020 y sólo ha pasado un mes. El año, a diferencia de lo que esperaba, comenzó con muchos planes que no pude cumplir. Los enero siempre son lentos, pero éste ha pasado y ni cuenta me di. Terminó mejor de lo que esperé, pero el proceso que me llevó hasta ese final fue un poco tormentoso. Ahora, después de una ida tan inesperada a Chichiriviche de la costa, me he pegado a esas dos canciones para mantener la energía que recuperé allí. Y no puedo dejar de escucharlas.

Y no puedo dejar de pensar en el

Do you want to go to the plage with me?
I’m going down, down, down, 
there 4 in the morning, 
most beautiful girl I’ve ever seen…

O en el:

Atravesamos desiertos, glaciares,continentes. 
El mundo entero de extremo a extremo,
empecinados, supervivientes.
El ojo en el viento y en las corrientes,
la mano firme en el remo.
Cargamos con nuestras guerras,
nuestras canciones de cuna,
nuestro rumbo hecho de versos,
de migraciones, de hambrunas.
Y así ha sido desde siempre,
desde el infinito.
Fuimos la gota de agua
viajando en el meteorito,
cruzamos galaxias, vacío, milenios.
Buscábamos oxígeno, encontramos sueños.

Y me encanta.

Si te gusta bucear o los deportes marinos, este es tu lugar. Chichiriviche de la Costa está como a una hora u hora y media después de llegar a La Guaira. Para mí, que estoy aquí es solo eso: en máximo dos horas, dependiendo de las paradas o qué tan mal esté el camino, estoy en el Paraíso. Aunque, para ser honesta, para considerarla una playa perfecta tenemos que restarle algunas docenas de rocas y piedras que ha traído la marea. Pero si las ignoramos, en Chichi se disfruta de un azul como pocos se puede ver en La Guaira, una brisa perfecta para respirar y aclarar pensamientos, un reventar de olas que relaja desde que pisas el pueblo y gente que te quiere hacer sentir parte de él a toda costa. Y lo logran.

Sin duda, estamos vivos porque estamos en movimiento y después de dos semanas de estar enferma con síntomas de covid -a pesar de dar negativo en la prueba-, irme inesperadamente a Chichiriviche fue lo mejor que me pasó durante el mes de enero, que fue tan difícil en cuanto a salud tanto física como emocional. Gracias, chichi.