Hay coincidencias que en realidad no lo son tanto. Este año, sin buscarlo de forma consciente, cambié de celular. Fue una decisión más práctica y simbólica al mismo tiempo. Por un lado, hacer una actualización significa tener mejores funciones, por otro, lo vi como otro paso en esto de haber regresado formalmente a la creación de contenido o ser influencer.
Lo curioso es que, pasaron varias semanas para darme cuenta que ese modelo, ese color… ya los había visto antes. No tardé en darme cuenta en dónde: en mi vision board del año. Que, la verdad solo puse porque es una foto en la que se veían unas manos lindas y arregladas (algo que también quería proyectar para este año), pero resulta que el universo entendió que quería ese modelo y ese color de celular. Y no me quejo, claro.
Entre frases motivadoras, imágenes de viajes y recortes de ropa, había una foto de ese mismo celular. Y me pareció mucho más simbólico. Porque muchas veces hablamos de manifestar, de visualizar, de “atraer” lo que deseamos… y creemos que cuando eso sucede será evidente, casi cinematográfico. Pero la verdad es que, la mayoría de las veces, los deseos se cumplen de manera sutil. A veces, el logro no se anuncia con grandes señales; se manifiesta en la tranquilidad de una decisión cotidiana. Por eso también me repito diariamente que nunca quiero dar por sentado nada de lo que me pasa en mi vida, porque en algún momento fue un deseo muy profundo.
El nuevo celular se ha convertido en una especie de extensión de mi mente y de mi rutina. Es donde escribo mis notas a medianoche, donde organizo mis ideas y mis próximos proyectos, donde capturo los momentos que quiero recordar. Pero más allá de la tecnología, representa algo más profundo: un nuevo ciclo, una actualización simbólica de mi energía y mis prioridades.
Porque cambiar de celular no es solo una cuestión de funcionalidad. También tiene que ver con cómo queremos comunicarnos, qué parte de nuestra historia queremos mostrar y de qué forma queremos conectar con los demás. A veces, algo tan simple como cambiar de dispositivo refleja que internamente ya no somos los mismos: que pensamos distinto, trabajamos distinto y hasta soñamos distinto.
Y en ese sentido, creo que los objetos que elegimos —especialmente los que usamos todos los días— son una especie de espejo. Reflejan en qué etapa de la vida estamos y hacia dónde queremos ir. Mi nuevo celular, más allá de su cámara o su velocidad, simboliza eso: una versión más práctica, enfocada y alineada conmigo misma.
Cuando pienso en ese detalle del vision board, sonrío. Me recuerda que los sueños no siempre se cumplen como imaginamos, pero sí cuando estamos en movimiento. Que, a veces, ni siquiera sabemos que tenemos esa meta o lograremos ese objetivo. Que manifestar no es solo visualizar, sino también tomar decisiones que nos acerquen, poco a poco, a esa versión de la vida que deseamos.
Así que si estás leyendo esto y aún conservas tu lista de metas o ese collage lleno de recortes e intenciones, te invito a revisarlo. Quizás descubras que ya has cumplido más cosas de las que creías. Porque a veces, sin darnos cuenta, ya estamos viviendo aquello que alguna vez soñamos… incluso en los detalles más simples, como el celular que tenemos en las manos.





