Nunca he sido demasiado curiosa con el cabello. Aunque caí en tendencias de californianas y balayage en algún punto, nada más allá de eso. No era de cambios radicales hasta que decidí alinearme con mi deseo de toda la vida de ser pelirroja. De resto, eso de un nuevo champú con una textura prometedora, un acondicionador que promete brillo instantáneo, una mascarilla que jura transformar el frizz en seda… nada de eso me atraía demasiado.
Pero, justamente, desde que decidí teñirme y mantenerlo por el mayor tiempo posible, empecé también a inventar con productos y terminé haciendo un desastre. Sin darme cuenta, terminé mezclando demasiados productos al mismo tiempo. O quizás solo probando los equivocados. Lo que empezó como un juego de probar “recomendaciones” pasó factura.
Primero fue esa sensación extraña al tacto; luego, el brillo apagado; más tarde, notar largos y cortos desproporcionales -por lo partido; después, el movimiento natural desapareció. Y un día me hice una cola y pensé: “¿en qué momento mi cabello quedó tan seco…?” La verdad no me di cuenta.
Y aún no sé el momento ni la respuesta. No sé si fue haber saturado mi melena con fórmulas que no funcionaban juntas, muchas con siliconas, perfumes intensos y componentes que, aunque no son “malos”, no eran lo que mi cabello necesitaba en ese momento.
La etapa de diagnóstico (a.k.a. dejar de ignorar lo evidente)
A veces queremos creer que el cabello se va a recuperar “solo”, pero la verdad es que el pelo habla. Y el mío estaba gritando.
Por eso, decidí detener toda mi experimentación y volver a lo esencial: intentar entender lo que mi cabello realmente necesita. Estamos en ese proceso. Estoy regresando, paso a paso, a la cosmética capilar natural. Porque recordé que hace años podía mantener mi cabello solo con shampoo en barra y un par de mascarillas e hidrataciones al año (también era extremo eso de no cuidarlo tanto).
Así que hoy, aunque todavía no es un come back al 100%, vuelvo a prestar atención a lo más orgánico. No por moda. No por tendencias. Sino porque mi cabello me estaba pidiendo un respiro.
Qué encontré en la cosmética capilar natural
Algo que descubrí rápidamente es que el cabello agradece cuando lo tratamos como se merece. Texturas más limpias. Ingredientes que entiendes cuando lees la etiqueta. Aromas que no marean. Y resultados que vienen de forma progresiva, pero real.
Buscando opciones que cumplieran con esto, llegué a los productos orientados específicamente a problemas de resequedad. Si tu cabello está como el mío —con puntas opacas, medios sin vida y tacto áspero— entonces probablemente necesites mirar justo la categoría en tu tienda favorita.
Muchos de estos productos naturales para cabello seco están formulados sin siliconas pesadas, sin sulfatos agresivos y con ingredientes que hidratan de verdad: aceites ligeros, extractos botánicos, mantecas de origen natural.
¿Qué cambió en mi rutina?
Lo primero que hice fue reducir la cantidad de productos.
Lo segundo: priorizar fórmulas naturales.
Y no voy a mentirte: el cambio no fue inmediato. Aún estoy en eso. Y mi cabello también.
Pero eso es lo que me encanta del cuidado capilar consciente. Es lento, pero honesto.
Como cultivar una planta: no puedes apurarla, pero puedes darle lo que necesita.
Ahora siento mi cabello mucho más suave y con movimiento, y lo mejor es que lo siento “sin peso”. La hidratación no viene acompañada de esa sensación plástica que a veces dejan los productos tradicionales.
Lo que aprendí (y lo que te recomiendo):
- Escucha tu cabello. Cuando está reseco, está pidiendo algo. Hazle caso. Atiendelo a tiempo. Se puede dañar rápido pero la recuperación es lenta.
- Revisa etiquetas. No necesitas ser química; basta con entender qué te estás colocando.
- Reduce antes de añadir. A veces el problema no es falta de producto, sino exceso.
- Lo natural funciona. Solo necesita constancia.
- Enfócate en necesidades reales. Si tienes resequedad, busca hidratación profunda, no volumen u otra solución.
El camino seguirá
A veces los cambios más sencillos —como revisar qué estás usando en tu cabeza todos los días— terminan siendo los más transformadores. Yo aún estoy en este proceso, pero me emociona ver cómo voy sintiendo mejor mi cabello.
Si tú también estás en esa fase de transición o si sientes que tu melena está apagada, te recomiendo darte un paseo por los ingredientes de lo que estás usando. Tal vez, como yo, descubras que tu cabello solo estaba esperando que lo trataras mejor.




