Más que una decisión económica o fashionista, una desde la reafirmación personal: mejorar las inversiones en accesorios, para que me duren toda la vida

joyeria

Hace poco, hubo un momento muy claro en mi vida en el que tomé una decisión consciente. Cuando estaba a punto de cumplir 30 años, entendí que ya no quería más bisutería efímera. Esas piezas que se oxidan, se rompen o pasan de moda demasiado rápido dejaron de representar quién era y cómo quería sentirme. Ojo, si recibo un regalo de este tipo, lo hago con todo el cariño del mundo y, evidentemente, lo incluyo en mis looks. Un poco como lo que ocurre con el fast fashion.

A lo que apunté con esa decisión fue a lo que yo, desde mi consciencia, compro. Desde entonces, mis compras de «accesorios» dejaron de ser impulsivas y comenzaron a convertirse en inversiones. Inversiones en joyería.

Y es que creo que con los años se aprende (o aprendí) que el verdadero lujo no está en acumular, sino en elegir bien. Aplica para todo. En muchos casos, las joyas básicas e imprescindibles no son aquellas que llaman la atención desde lejos, sino las que acompañan silenciosamente tu día a día: las que funcionan tanto para una reunión de trabajo como para una cena improvisada.

En contextos profesionales —y en la rutina diaria— la clave está en la discreción elegante. Piezas que suman sin imponerse, que realzan sin competir con el resto del look.

Mis piezas indispensables de joyería

Cadenas finas, para siempre

Uno de los primeros cambios que hice fue sustituir las cadenas de fantasía o materiales de baja calidad, por una cadena fina en oro (o plata dependiendo de si quiero usar dorado o plateado ese día, porque sí, a pesar de preferir la calidad sobre la cantidad, igual me gusta combinar el metal según mi look).

Descubrí que un diseño minimalista tiene la capacidad de adaptarse a todo: blazers, camisas blancas, vestidos neutros o incluso looks más relajados.

Una buena cadena puede llevarse sola para un efecto limpio y sofisticado, o combinarse con un dije o colgante sutil, si se busca un toque personal. Es ese tipo de joya que no cansa, no sobra y nunca pasa de moda. Para mí, mi para siempre. De mis complementos favoritos. Pocas veces salgo sin una.

Pendientes, aretes o zarcillos

Esta es una adquisición reciente. Por 20 años de mi vida aproximadamente no usé zarcillos o aretes. No me gustaban. Me molestaba que me pesara la oreja. Y, por supuesto, era alérgica a todo tipo de material que no tuviese una pureza mineral comprobable. 

Ahora, aunque tengo que ponerme al día con invertir en esto, y es una opinión general: un buen par de aretes, pendientes o zarcillos son otro imprescindible en cualquier joyero consciente.

Específicamente los pendientes pequeños tipo chatón. Son cómodos, atemporales y perfectos para jornadas largas. Funcionan como una extensión natural del look, aportando luz al rostro sin distraer.

Son ideales para la oficina, para viajar o para esos días en los que quieres verte arreglada sin pensar demasiado. Justamente ahí reside su valor: en su facilidad y versatilidad.

Por otro lado, los aros son otro básico (tengo que ir por ellos próximamente). Atemporales, favorecedores y extremadamente versátiles, funcionan igual de bien en un look profesional que en uno más casual. Un buen par de aros en oro puede convertirse en ese comodín al que siempre vuelves cuando no sabes qué ponerte.

Por eso, dentro de cualquier selección de joyas esenciales, los pendientes aros ocupan un lugar especial: equilibran elegancia y sencillez, y demuestran que menos, cuando está bien elegido, siempre es más.

Sentir el cambio de joven a adulto

Invertir en joyas no es solo una decisión estética, también es emocional. Para mí tomar la decisión de no comprar más bisutería e invertir en joyas significó sentir que ya, por fin, soy todo una adulta profesional. La persona con la que soñaba ser de pequeña. Me hace sentir como las mujeres exitosas que veía en las películas.

Cada pieza elegida con intención se convierte en parte de tu historia. A diferencia de la bisutería, la joyería bien cuidada te acompaña durante años, evoluciona contigo y adquiere significado con el tiempo.

Pulseras finas, anillos delicados y collares minimalistas en oro forman una base sólida que permite construir múltiples combinaciones sin esfuerzo. Son joyas que no buscan protagonismo, pero que elevan cualquier outfit con un gesto sencillo y refinado.

No, aun no tengo todo lo que menciono en este post, pero voy por ello, ¿y tú? ¿das el paso de llevar tus accesorios a una inversión más duradera?